Ribadeo, «Porta Aberta» como
le atribuye su slogan es, en efecto, la villa histórica de la provincia
de Lugo por donde se inician rutas, estilos y costumbres que tanto ahora
como antaño han ido conformando tanto el sentir como el ser gallegos.
A
través de A Ponte dos Santos, con espléndidas perspectivas
hacia la Ría de Ribadeo, se produce el hermanamiento entre
Asturias y Galicia, e incluso con toda la cornisa cantábrica.
Ribadeo es también la entrada de la Ruta
de la Costa del Camino
de Santiago que, desde la ermita de Santa
Cruz, en Obe —lugar
de celebración de la conocida Xira el primer domingo de agosto— se
bifurca en dos ramales, uno hacia el Norte y otro hacia el interior.
Las
playas de As Catedrais, Os
Bloques, Os Castros y
O Cargadeiro; el monumento
al Gaitero en Santa Cruz; el faro
de la Isla Pancha; el aeródromo; la cetárea y puerto
de Rinlo;
el puerto comercial y el de Porcillán desde donde parte una
embarcación
que nos permite recorrer la ría contemplando los botes de
vela latina o las villas asturianas de Castropol y Figueras, son
otros de los múltiples atractivos de este municipio que al
igual que sus vestigios históricos como la Diadema
de Ribadeo o el Carnero
Alado, el Fuerte de San Damián (1624), las iglesias
de Santa María del Campo —antigua catedral (S. XII)—,
San Roque, Virgen del Camino, San
Lázaro; el Convento de Santa
Clara —con sus famosos dulces y pastas—, la Torre
de los Moreno o el Palacio de Ibáñez, Marqués de
Sargadelos, y actualmente sede del ayuntamiento, nos evocan la trascendencia
histórica de este proverbial enclave.