El
riquísimo
patrimonio histórico de Viveiro, nos permite apreciar obras
como la iglesia y convento de San Francisco, de
estilo ojival con detalles románicos; el monasterio de Nuestra
Señora
de Valdeflores, cuyas monjas todavía elaboran las
rosquillas y dulces de yemas; Santa María del Campo,
probablemente del XII; los restos de las murallas,
con antecedentes romanos y modificaciones medievales; la Puerta
de Carlos V, monumento nacional; el Puente
Mayor o de la Misericordia cuya traza actual data del siglo XV; el Pazo
de Grallal;
la Casa de los Leones; la Capilla
de San Roque, desde cuyo mirador
se contempla una de las vistas más espectaculares
de la costa y donde se celebra, en agosto, una de las fiestas más
populares. Y retrotrayéndonos en el tiempo una enorme relación
de castros y vestigios celtas que desde el de Condomiña o
el de Loureiro —con pretroglifos y parte del muro exterior— nos
aproximan a lo que la leyenda nos recuerda como San
Martín
de Estabañón, actualmente bajo las aguas próximas
a la playa de Area.
Siguiendo
un recorrido perimetral a la playa de Area hay que
añadir
las de Covas, Sacido, Rol, Portonovo;
el importante y febril puerto de Celeiro, lugar
de asentamiento de antiguas industrias de salazón y
ahora de exportación de pescado; el mismo
puerto de Viveiro o la isla de Area. Pero en ningún
caso se puede renunciar a visitar el Souto da Retorta,
en Chavín,
con un eucaliptal centenario de los más
grandes e Europa, y la presa do Salto do Can sobre el truchero río
Landro; el Curro de Candaoso, tradicional
lugar de encuentro donde se celebra la Rapa das Bestas;
el Campo
do Naseiro con la romería
del mismo nombre declarada de interés turístico;
la Cruz do Pao da Vella en Monte
de Buio; el Pozo da
Ferida con cascada de 30 metros; el Coto
de San Roque o
una excursión
hasta la isla Coelleira, de O Vicedo, donde la tradición sitúa
un enclave de los templarios.