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La Tierra de Biescas
y sus zonas aledañas presentan un desarrollo histórico de
gran evolución, que se retrotrae a aquellos momentos en los que
el hombre se empezó a asentar en los distintos lugares terrestres,
comenzando su caminar, y que en esta zona se puede rastrear desde los
períodos del Neolítico, como atestiguan los dólmenes
de Biescas, Ibirque y Nocito, además de los posibles restos localizables
en el entorno del ibón de Piedrafita de Jaca.
Presencia humana
y asentamientos, que se hacen más palpables en los momentos de
la romanización, como lo demuestran, además del hallazgo
de alguna moneda, las noticias que existen sobre el Balneario de Panticosa
de la calzada romana que unía a éste con Sabiñanigo,
Aurín y Senegüé, o por la reciente localización
de una villa romana en las inmediaciones de Sabiñanigo, conocido
en este período como Sabiniacum.
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Durante los siglos de dominación musulmana, se produce un momento
de surgencia histórica de esta zona y sus inmediaciones, de la
comarca de Serrablo en su conjunto. Dicho sometimiento afectó desde
los territorios de Gavín hasta los de Nocito, estableciéndose
el distrito rural conocido como Yilliq (o Gállego), dependiente
del gobernado musulmán de Huesca.
Pronto comenzó la reconquista y repoblación cristiana, desarrollándose
una primera fase entre los años 918 y 920, lapso de tiempo en el
que el conde Sancho Galíndez II de Aragón se hizo con el
valle de Acumuer, donde fundó el monasterio de San Andrés
de Cercito.
A éste sigue un segundo momento, hacia el 950, en que llegan unos
emigrados mozárabes procedentes de la cura de Huesca, que se asentaron
en el Valle del Gállego y en Sobrepuerto, llevando a cabo diversas
fundaciones monásticas (San Pelay de Gavín, San Pedro de
Rava o San Úrbez de Basarán), en las que se desarrolla el
rito mozárabe hasta que en el 1071 el rey Sancho Ramírez
decretó e impuso el rito romano.
Son los momentos en que aparece por primera vez el topónimo Serrablo,
denominación dada a toda esta zona, entre Gavín y Las Bellostas,
según mención documental fechada en 1054, reinando Ramiro
I, por la cual se realiza una donación al monasterio de San Andrés
de Fanlo (posiblemente ubicado en torno a la actual pardina de Fanlo,
cercana a Ipiés), denominación caída después
en desuso y que, recientemente, a partir de los años setenta, se
ha vuelto a utilizar.
Iniciado ya el siglo XI, Sancho el Mayor, rey navarro, realiza la incorporación
de esta amplia zona al condado de Aragón, posteriormente reino,
en 1035, apareciendo así un sistema ofensivo y defensivo circunscrito
a las tenencias de Senegüé, Sabiñanigo, Larrés,
Javierrelatre y Secorún.
Es la época de repoblación de la comarca, para lo cual varios
monasterios sirvieron de centro para la misma, entre los que sobresalen
San Úrbez de Serrablo, San Andrés de Fanlo y San Martín
de Cercito.
En la Baja Edad Media descolla el surgimiento de determinados linajes
señoriales, dominadores de una buena porción de este amplio
territorio, en el que se imponían sus designios empleando, en ocasiones,
el temor y la fuerza. Es el caso del conocido linaje de los Urriés,
quienes ostentaban los títulos de los marqueses de Ayerbe y señores
de Larrés, teniendo como principal baluarte y centro en estos lares
el castillo de Larrés.
La Edad Moderna destaca por los sucesos de finales del siglo XVI e inicios
del XVII, con Antonio Pérez, anterior secretario aragonés
de Felipe II, huido a estas tierras y aliado a los bearneses, que tuvo
como consecuencia el enfrentamiento entre ambas partes, los ejércitos
de dicho monarca capitaneados por el general Alonso de Vargas y los franceses
con Antonio Pérez, llevándose a cabo entre las tierras de
Santa Elena y Senegüé, deparando la peor suerte en la villa
de Biescas, que fue saqueada y destruida por los bearneses.
Resuelta esta rebelión de Antonio Pérez, Felipe II mandó
construir por el Pirineo varios bastiones, varias fortificaciones para
protegerse y defenderse de la posible invasión de los hugonotes
franceses, siendo un buen ejemplo de las mismas los restos del fortín
de Santa Elena, sitos junto a la ermita y sobre el escabroso congosto.
El mantenimiento de los señoríos jurisdiccionales establecidos
en la Edad Media perdurarán casi sin alteración hasta fechas
avanzadas del siglo XIX, notándose también los diversos
avatares históricos, que dejarán su huella en los sucesivos
pillajes, destrucción de las cosechas y en otros aspectos de consecuencias
desastrosas para toda esta zona.
El siglo XX marca el despegue económico y demográfico de
todos los lugares comprendidos en la demarcación, a lo que ayudó
fuertemente la llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX, propiciando
el establecimiento en Sabiñánigo de dos iniciales empresas,
EIASA Y Aluminio Español, desencadenantes asismismo del desarrollo
económico definitivo de la zona, así como de la despoblación
que poco a poco, y desde ese momento, se iba a producir en todo el entorno,
en todas las tierras aledañas a Sabiñánigo y a Biescas.
Efecto despoblador que se agudizó tras la Guerra Civil, que tuvo
graves consecuencias en esta zona por situarse el frente en la misma,
notándose especialmente durante las décadas de los cincuenta
y sesenta, años en los que quedaron vacíos numerosos pueblos
y lugares del entorno, afectando sobremanera a amplias áreas, como
Sobrepuerto y la "Guarguera" o Valle del Guarga.
Actualmente lo que se conoce como ayuntamiento de Biescas comprende los
siguientes núcleos: Biescas, Orós Alto, Orós Bajo,
Escuer, Oliván, Búbal, Polituara, Saqués, Espierre,
Barbenuta, Javierre del Obispo, Ainielle, Susín, Berbusa y Casbas;
y las entidades locales menores de Aso, Yosa y Betés de Sobremonte,
Gavín y Piedrafita de Jaca.
Pero no siempre ha sido así, ya que desde principios de este siglo
el actual término municipal de Biescas ha estado dividido en los
ayuntamientos de Gavín, Piedrafita (Búbal y Saqués),
Oliván (Susín, Orós Alto y Orós Bajo y Casbas),
Escuer, Aso de Sobremonte ( Yosa y Betés de Sobremonte) y Barbenuta
(Espierre, Ainielle y Berbusa).
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